Es tiempo de actuar tras la COP25. Reflexiones sobre su propósito y resultados

El cambio climático y la emergencia climática están cada vez causando más y más problemas. Es una emergencia que carece de fronteras, como como tampoco tiene fronteras la atmósfera. El CO₂ emitido en Chicago acaba sobrevolando Sri Lanka. El vertido contaminante en el Volga acaba en las costas de Azerbaiyán.

El control del clima y las acciones para frenar el cambio climático tienen que ser soluciones globales, que nos incluyan a todos. Desde los pequeños gestos dejando de consumir en casa a fuertes medidas tomadas por los estados más influyentes.

Y precisamente para eso se reúnen cada año diferentes agentes y actores medioambientales en las Cumbres por el Clima, unas reuniones que aglutina expertos y políticos para paliar las consecuencias del cambio climático. Esta última ha sido la COP25, que se ha celebrado finalmente en Madrid.

¿Qué es la Cumbre por el Clima y cómo ha llegado hasta Madrid?

Aunque la I Conferencia sobre Cambio Climático (COP1) se celebró en Berlín en 1995, ya en mayo de 1992 se adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que impulsaría estas reuniones anuales en la que políticos de la mayoría de países se unían para tratar algo tan importante como el devenir de nuestro planeta. Fue precisamente durante una de estas conferencias, en 1997, cuando se firmó el Protocolo de Kioto que invita a todos los estados anexados a tomar medidas vinculantes para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. También el Acuerdo de París, en 2015, se estableció en la COP21

Con esta pequeña introducción sobre lo que son las llamadas Cumbres por el Clima, hablaremos concretamente de la última que ha tenido lugar, la COP25, empezando por los diferentes escenarios que la albergarían. Originalmente se había establecido Brasil como lugar de encuentro, pero el gobierno de Jair Bolsonaro se abstuvo de tratar este tema en su país. Chile y su ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, asumieron la presidencia y organización del evento. A poco más de un mes de la celebración de la conferencia, Sebastián Piñera comunicó que la cumbre se suspendería por las revueltas en el país sudamericano, iniciadas en principio por la subida de las tasas del transporte público y luego extendiéndose por las desigualdades sociales entre la población chilena.

Al día siguiente, el presidente español Pedro Sánchez ofreció Madrid como sede de la COP25, algo que ratificó la Mesa de Gobierno de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Así fue como la Cumbre del Clima llegó a España en un accidentado viaje que cambió muchos planes de la conferencia. Aun así, Chile mantuvo la presidencia del evento.

¿Qué tocaba hacer en la COP25 y no se ha conseguido?

foto oficial de la cop 25 con sus representantes

fuente imagen actual y superior: Wikipedia

A la 25ª Conferencia sobre el cambio climático, así como a la 15ª reunión de las partes del Protocolo de Kioto (CMP15) y la segunda reunión de las partes del Acuerdo de París (CMA2), estaban invitados todos los países firmantes de los acuerdos. Pero como todos sabemos, ha habido importantes ausencias o políticos que han decidido no aportar demasiado, como Donald Trump (EEUU), Jair Bolsonaro (Brasil), Xi Jinping (China) o Narendra Modi (India); precisamente mandatarios de los países más contaminantes del planeta.

Uno de los principales propósitos para este encuentro era apuntalar el Acuerdo de París, en especial el artículo 6 que busca reducir la emisión de gases contaminantes. También se trataron los problemas sobre la financiación de la actuación climática (el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Fondo Verde para el Clima) o los mercados de carbono, pero muchos de estos intentos cayeron en saco roto.

La dispersión de la mayoría de los países (y el poco interés mostrado en la emergencia climática) concluyó en muy pocos acuerdos reales y efectivos de las diferentes regiones, algo que ha dejado insatisfechos a la mayoría de especialistas.

Por un lado tenemos América Latina. Chile no consiguió acercar a los diferentes agentes para tener una voz común, y Brasil se alineó con los países emisores que antes comentábamos; por lo que su influencia global no fue nunca homogénea. Por otro lado, la Unión Europea tuvo que ceder ante Estados Unidos, China e India para poder cerrar algún acuerdo, igualmente pobre.

Por ejemplo, la reunión del sábado 7 sobre el contenido y la transparencia de los reportes nacionales de los compromisos del Acuerdo de París ilustró cuál sería el devenir de la cumbre. En esos debates, China presionó para que el tema se discuta en la sesión intermedia entre la pasada COP y la del año 2020, que será en Bonn el junio próximo.

En otro foro, en el que se discutía sobre el artículo 6 del AP que estipula la creación de un mercado de carbono (el gas generado por las actividades humanas que ocasiona el recalentamiento planetario), varios negociadores expusieron las diferencias existentes. Muchos se lamentaros de que los documentos habían vuelto “a la casilla de salida” y no se había avanzado demasiado.

En las primeras horas del domingo salió una nueva versión sobre las reglas del mercado de carbono (CO2) con menos pretensiones, pero los países fueron incapaces de lograr un consenso e igualmente postergaron el tema para 2020, en las sesiones intermedias de Alemania e Italia.

Conforme se aproximaba el cierre de las reuniones, quedó claro que la organización chilena prefería obtener cualquier acuerdo que salir con las manos vacías, algo cuestionado por muchas delegaciones. La presidencia partió de los objetivos más bajos, cuya negociación rebajó aún más, en vez de buscar los más ambiciosos y así negociar un mejor resultado.

En la recta final, Teresa Ribera, la ministra española para la Transición Ecológica y veterana de las COP, entró al quite y, si bien allanó acuerdos en la declaración final, no pudo enderezar el camino. Esto permitió alcanzar siete de los puntos establecidos, pero no en el trascendental artículo 6.

Además de otras muchas cuestiones que se han dejado pasar en la COP25, los países tampoco van a estar obligados durante el primer semestre de 2020 a presentar un calendario de nuevos compromisos sobre emisiones. Así será difícil forzar a las partes a marcarse compromisos más ambiciosos en la próxima COP26. Aún más, teniendo en cuenta que los países más contaminantes bloquean acuerdos y compromisos beneficiosos para todos.

¿Qué hemos firmado en la COP25?

Chile puede presumir de haber alcanzado siete de ocho acuerdos fundamentales, pero el debate radica en su contenido y cómo se llegó a ellos. Como decimos, ha habido muchas concesiones a los grandes contaminantes y mucha prórroga de acuerdos importantes.

Pero se avanza, que no es poco. Aunque ha sido muy poco.

A pasitos cortos, se van consiguiendo compromisos para reducir las emisiones de efecto invernadero y establecer mecanismos de mitigación y adaptación. Además, es importante reconocer que estos eventos permiten dar visibilidad a las negociaciones sobre el Cambio Climático, ya que nunca antes habíamos tenido en los medios a tanta gente hablando sobre el clima.

Es de celebrar que el texto final de la COP25 recoja la importancia del uso del suelo, pese a los intentos de bloqueo liderados por Brasil. Además, se establece un nuevo mandato del Mecanismo Internacional de Varsovia, aunque no aborde todos los aspectos que se esperaba. Los grandes emisores siguen sin brindar el apoyo necesario a los países más vulnerables, especialmente a los de la Alianza de los Pequeños Estados Insulares y los Países Menos Adelantados.

Como estrategias para reducir las emisiones de los sistemas agroalimentarios y forestales, dicho informe señala la necesidad de implementar cambios sistémicos que promuevan la disminución del desperdicio alimentario, la moderación de la ingesta de proteína animal y que incrementen la eficiencia en el uso de recursos. Por ejemplo, de la fertilización de los cultivos, un tema también objeto de discusión en la COP25 en el marco del Trabajo Conjunto de Koronivia sobre Agricultura.

También podemos destacar numerosos avances en igualdad y consideraciones sobre justicia climática en términos de derechos humanos y transición justa. Un punto importante de partida para que la emergencia climática también solucione otros problemas sociales.

El final de la COP25, un final agridulce

Podemos decir que la COP25 ha sido más bien una cumbre de transición, de vigilancia de los avances conseguidos y del cumplimiento y revisión de los compromisos para 2020.
Cualquiera que lea la primera palabra de cada punto del documento final de la Cumbre del Clima (Chile-Madrid. Tiempo de actuar) puede darse cuenta de que apenas ha habido avances significativos durante la COP25: “reconoce”, “observa con preocupación”, “reconoce”, “confirma”, “expresa”, “subraya”, “hace llamamiento”, “toma nota”, etc.

Si es tiempo de actuar, en esta COP se ha actuado poco. Pero nos conduce por un camino que puede servir de referencia para tomar acciones en un corto periodo de tiempo. Y es que tampoco tenemos mucho más de eso, pues el cambio climático y sus consecuencias ya están causando estragos.

En principio, en la COP26 que se celebrará en Glasgow en 2020 se deberían cerrar las cuestiones que no se han cerrado en Madrid y hacer efectivo el Acuerdo de París que debería entrar en vigor precisamente este año. Pero llegar a Glasgow sin los deberes del año anterior hechos, significará que hemos pasado un curso en blanco y habrá que volver a trabajar sobre temas que, según la agenda de París, deberían estar ya listos para poner en marcha.

El tiempo apremia y no se detiene, pero parece que para los Estados el tiempo se mide con una dimensión distinta. Cabría preguntarse si, en la situación de emergencia climática actual, son los países los actores más eficientes y eficaces para negociar y tomar decisiones; o deberíamos buscar un órgano diferente que se plante y tome las riendas de la situación.

El presente (y el futuro) está en juego.

Este artículo ha sido escrito por Alejandro Fernández en colaboración con El Bien Social.

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