Los minerales en la economía sostenible. Entrevista Sostenible #44 con la geóloga Júlia Farré de Pablo

Hoy os quiero traer una de las entrevistas que más me ha gustado hacer, pero que más difícil me ha resultado por mi inexperiencia en el campo que tocaremos hoy: la geología.

He entrevistado a la geóloga Júlia Farré de Pablo, graduada por la Universidad de Barcelona, Máster en la Universidad de Ginebra y actualmente cursando su PHD en el campo de los minerales raros.

Los minerales son uno de los elementos más usados en la elaboración de productos, pero a la vez unos grandes desconocidos para la mayoría de personas. ¡Espero que con esta entrevista podáis descubrir un poco más sobre este mundo tan fascinante y sus implicaciones en la sostenibilidad!

Primero de todo: ¿qué es un mineral?

Un mineral es una sustancia inorgánica con estructura cristalina. Los minerales los constituyen “elementos”, que son aquellos que conforman la tabla periódica. Estos elementos, como por ejemplo el litio (Li), son los que luego se utilizan para las baterías de los móviles. Los distintos elementos pueden estar en mayor o menor proporción en los minerales, y tendrán que ser extraídos mediante procesos de metalurgia. En algunos casos, pueden encontrarse como elementos nativos, como en el caso de las pepitas de oro (Au) en un río, -la típica imagen que tenemos de los buscadores de oro con sus bateas en el salvaje oeste-.

Los minerales los encontramos de forma natural constituyendo las rocas de la corteza terrestre. Hay algunos que son mucho más abundantes que otros, pero generalmente dependerá del contexto en el que se encuentren: asociados a un sistema magmático, a una zona de alteración meteórica, en una cuenca sedimentaria tanto lacustre (lagos) como oceánica… Los procesos a partir de los cuales se forman son complejos y dependerán estrictamente del sistema en el que se encuentran. Por ejemplo, en un sistema magmático los minerales cristalizan a partir de magmas, y la composición del mineral dependerá de la composición del magma. Por lo tanto, un mineral tendrá un elemento u otro dependiendo de si este elemento está presente en el magma a partir del cual se forma. Todo esto es extremadamente simplificado… Cuando los minerales cristalizan, llegan a constituir una roca. Esta roca puede quedarse en profundidad o, por movimientos tectónicos, puede llegar a estar expuesta a la superficie. Hablar de tiempo de formación de un mineral natural, así como de la formación de la roca en conjunto y de su “exposición” es complicado… de muchos factores. Pero hay que tener en cuenta que la escala temporal con la que nos manejamos los geólogos son los millones de años. En términos de la Tierra, hablar de 5 millones de años es estar hablando de ayer mismo por la tarde, y para nosotros ese espacio temporal se considera algo rápido.

Cuando se quieren aprovechar los elementos de un mineral, explotarlos, se extraen de las rocas que contienen tales minerales mediante minería. Únicamente se explotarán esos lugares donde haya un yacimiento mineral económico, es decir, una concentración mineral suficiente como para justificar el coste económico de su extracción, procesado y cierre de la mina. Si no es así, el riesgo es demasiado grande como para emprender el proyecto. La pregunta es, ¿necesitamos minería?

¿Cuáles son los minerales más importantes que usamos a día de hoy en la actividad económica?

El desarrollo de nuestra sociedad se caracteriza por el uso cada vez más intensivo de minerales portadores de elementos para la construcción de baterías, chips, circuitos eléctricos, etc. El desarrollo de la industria y de la tecnología que empleamos ha hecho aumentar la lista de aquellos elementos que se consideran básicos y de primera necesidad. Por ejemplo, si en 1800 el C, Ca, Co, Cu, Fe, Mn, Pb, Sn y W eran las materias primas más importantes y estratégicas, a partir del 2000 se les sumaron Al, Ag, Ce, Co, Cr, Ga, Ge, In, K, Li, Mg, Mn, Mo, Nb, Ni, P, Pb, Pt, Re, las tierras raras (REE – Rare Earth Elements), Rh, Ru, Si, Ta, Te, Th, Ti y U. El ejemplo más “a mano” de esta evolución son los teléfonos móviles; para fabricar los primeros teléfonos móviles se requerían alrededor de unos 30 elementos de la tabla periódica; los smartphones de hoy en día requieren alrededor de 75. Esto mismo se da en otros dispositivos informáticos que utilizamos tanto en el día a día como en la industria. También es el caso de todas esas tecnologías destinadas a mejorar la eficiencia energética o a generar energía verde, como las placas solares, las turbinas de los molinos de aire o los coches eléctricos.

Entramos en una de las partes interesantes de la entrevista, ya que viendo estos datos, ¿en qué medida estamos usando minerales escasos para vivir nuestro día a día y para nuestra transición a energías más «verdes»?

Todos estos ejemplos son “depredadores” de elementos porque se utilizan en gran cantidad para su fabricación, especialmente los REE, In, Ga, Co, V, Pt, Os, Pd, Ir, Rh, W, Ge, B, Sc, Be y Tn. Esto implica que la transición que estamos viviendo hacia energías verdes y renovables es cada vez más dependiente de la adquisición de estos elementos,y estos se obtienen a través de la minería. Y aquí entra la principal paradoja que existe hoy en día en este tema: la minería es considerada una “actividad maldita” por nuestra sociedad hacia la cual existe un fuerte rechazo, impidiendo el desarrollo de distintos proyectos que se han intentado lanzar. Sin embargo esta misma sociedad “anti-minería” promueve y acepta proyectos e iniciativas que “necesitan”, se nutren, de esta minería. Para hablar de esto los estadounidenses se utiliza la expresión de “not in my back yard”, que vendría a decir “minería sí, pero aquí no”.

Y esto nos lleva a hablar de la segunda paradoja. Pongamos el ejemplo de los coches eléctricos. Los coches eléctricos nos permitirán reducir el efecto de los combustibles fósiles, de modo que se plantean como una alternativa verde y sostenible que permite reducir la emisión de gases. Sin embargo, se calcula que la fabricación de los futuros coches eléctricos requerirá alrededor de 160 kg de cobre frente a los 20 kg de los coches de gasolina. Eso implicará una mayor extracción de cobre mediante minería, lo que a su vez significará un aumento de las emisiones de gases. Con esto no pretendo ser completamente pesimista en cuanto a nuestro futuro. Simplemente intento demostrar que existe muchísima desinformación por parte de nuestra sociedad sobre qué es lo que está acabando con el medio ambiente y cómo. ¿Es realmente la minería, la necesidad de extraer estos elementos, el problema? ¿O lo es más bien la necesidad de cambiar nuestro Smartphone cada año? No podemos negar que las tecnologías actuales nos hacen la vida muchísimo más fácil y permiten vivir de un modo más sostenible con el medio ambiente en el día a día. Pero no podemos olvidar todo aquello que implica. Porque vivimos en un sistema social y económico que nos impulsa a tener más y a querer más cerrando los ojos a las consecuencias que eso conlleva. Por desgracia para muchos sigue siendo más importante enriquecerse que preservar el planeta.

¿Qué pasa con los minerales una vez una batería por ejemplo ha perdido su eficiencia? ¿Qué hacemos con ellos?

Generalmente el proceso de recuperación de cualquiera de estos elementos críticos que forman parte de baterías y chips es extremadamente caro. Vemos que ahora mismo no es económicamente viable reaprovechar estos elementos, pues los recursos que se necesitan para hacerlo son mucho más elevados que el provecho que se puede sacar. Esto significa que muchos de ellos no se pueden reaprovechar, de momento, ni reintroducir en ningún tipo de ciclo, porque no estamos hablando de un lingote de oro o una cantidad de material que sea fácil volver a extraer. Lo que sí se está mirando es intentar reducir los procesos de desgaste de las baterías: intentar inhibir las reacciones que se producen cambiando los medios y materiales con que se hacen. Esto significaría más vida útil y menos gasto de recursos cada vez. Pero aún estamos lejos de todo esto.

De lo que se extrae de todo es que nos falta seguir avanzando desde el punto de vista de la búsqueda e investigación para ir encontrando soluciones a todos estos problemas. Por eso es importante que se sigan financiando proyectos científicos de investigación como parte de una solución a largo plazo en todo el tema de reaprovechamiento del material. Lo que sí es esperanzador es que a día de hoy existan todas estas cuestiones que hace unos años nadie se planteaba.

Con esto queda totalmente demostrado que necesitamos de la minería para seguir, almenos, con este modelo de producción del que somos dependientes. ¿Podemos de alguna forma reducir el impacto que generamos con la minería, volverla más sostenible?

La minería puede ser sostenible. Obviamente tiene un impacto evidente y puede ser una actividad de riesgo, pero se puede hacer bien. Lamentablemente, cuando se piensa en minería vienen a la cabeza grandes timos, desastres medioambientales o gente enriqueciéndose a costa de otros. Pero es que la minería, como todo, puede hacerse bien o mal. Todo el mundo pensará rápidamente en los diamantes de sangre o en las minas de coltán de África, pero nadie parece pensar en Canadá como uno de los países con mayor actividad minera y con mayor aceptación de dicha actividad entre la sociedad. Y es porque si se hace bien la minería no tiene por qué hacer ruido. Eso implica que la actividad minera se haga siguiendo las leyes sociales y medioambientales del país, pero también que el país tenga una legislación fuerte, clara y eficiente en ese sentido.

Sin embargo, en la Unión Europea no existen grandes yacimientos de elementos críticos, es decir, de elementos de elevada necesidad y difícil obtención. Esta vulnerabilidad y total dependencia de otros países que sí poseen reservas minerales (geopolítica en todo su esplendor), ha llevado a que se propongan y se estudien alternativas a la minería tradicional. Por un lado está la minería de depósitos no convencionales. Se estudia explotar depósitos minerales que anteriormente no se consideraban debido a la dificultad técnica y económica de su extracción. Es el caso de los fondos marinos. Otra alternativa es explotar residuos mineros antiguos. Durante la explotación minera, el proceso de extracción del mineral y elemento de interés no es 100% eficiente. Una parte queda todavía en el residuo resultante, el cual se acumula. Pero a lo largo de los años, las técnicas de extracción mineral han ido mejorando y haciéndose más eficientes y menos costosas, y el precio de mercado de algunos elementos ha aumentado debido a su gran demanda. Debido a esto, antiguos residuos mineros se convierten en posibles reservas. Otra alternativa que se propone a día de hoy es el reciclaje o minería urbana. Esto consiste en reaprovechar residuos de aparatos eléctricos y electrónicos para extraer de nuevo los metales y elementos. Pero este reciclaje no es posible en todos los casos y, cuando sí, es extremadamente costoso y no 100% eficiente. Con todo, aunque se asegurara el 100% del reciclaje de los recursos existentes, no se llegaría a satisfacer las necesidades actuales de nuestra sociedad.

Por último, una alternativa que se está estudiando es el “agromining”. Esta alternativa a mí me gusta mucho porque fusiona geología con biología. Existen algunas especies de plantas que se consideran “metal farmers” (“granjeros de metales”). Estas plantas concentran de forma natural algunos metales presentes en el suelo donde están creciendo, como el níquel. Estos metales se acumulan en sus hojas y en su salvia en proporciones elevadas. Lo que se propone es un tipo de minería en la que se plantan estas especies vegetales en suelos o sustratos rocosos para concentrar los metales existentes en estos y luego poder extraerlos

Pero estas alternativas son todavía eso: alternativas. Por si solas no llegarían a cubrir la demanda existente en nuestra sociedad. La sostenibilidad en la explotación minera pasa primero por un cambio de mentalidad de nuestra sociedad.

¡Compártelo con tus contactos!